Yelapa es un lugar maravilloso que no solo visitas: te atraviesa el alma. Y 'El Santuario' es, quizás, su mejor portal.





El trayecto dura aproximadamente 30 minutos en panga, entre montañas que se hunden en el mar, pequeñas playas escondidas y esa brisa que anuncia que estás entrando a otro ritmo, a otra vida.













Su historia habla de aislamiento voluntario, de una comunidad que mantiene tradiciones vivas, de pescadores, artesanos, curanderos y viajeros que llegan buscando algo que no se compra: paz, raíces y silencio lleno de sentido.


Al llegar, una cuatrimoto nos llevó por senderos selváticos durante 15 minutos, un recordatorio perfecto de que aquí la naturaleza sigue teniendo la última palabra.


Yelapa es un rincón de la Bahía de Banderas con un encanto especial:
no tiene carreteras, no tiene prisas y tampoco tiene ruido que no sea natural.






El Santuario es más que un hotel boutique.
Es un concepto completo:
cabinas entre los árboles, una pileta natural alimentada por el río, un espacio de meditación, zonas de lectura, áreas de descanso, un temazcal ancestral y una cocina que sorprende desde el primer plato hasta el último sorbo de fruta fresca.
El equipo es impecable: cálido, presente, profesional.














El corazón de este viaje fue el temazcal.
Un ritual de fuego, agua, hierbas, canto y respiración guiado por los maestros Proyecto Temazkal , guardianes de una tradición que purifica no solo el cuerpo, sino la historia que cargamos encima.
Entrar, respirar, soltar.
Minuto a minuto, el vapor te va devolviendo a lo esencial.
No se trata de aguantar, sino de entregarse.
Salí distinto. Más ligero. Más consciente.
Más agradecido.


















Al amanecer y al atardecer, las clases de yoga guiadas por la maestra faunaxoo se alinearon con el sonido del río y los pájaros.
Mover el cuerpo en ese entorno es un recordatorio de que nuestra energía también pertenece a la naturaleza.




El Santuario tiene algo muy valioso:
la invitación constante a dejar el moví, respirar profundo, comer lento, sentir la hierba bajo los pies y entender que el mundo se puede vivir sin prisa.
Entre la pileta, los senderos, las hamacas, el río, el temazcal, las clases de yoga y la comida… el cuerpo se relaja, pero el alma es la que realmente descansa.

Como fotógrafo, este lugar fue una fiesta visual:
la luz filtrándose entre los árboles, el vapor del temazcal, las texturas del barro, el río moviéndose con paciencia, los rostros concentrados, la naturaleza abrazándolo todo.

















Puedes ver más sobre El Santuario aquí:
El Santuario Yelapa
Y si deseas que documente tu experiencia, retiro, viaje o proyecto especial, estoy a un mensaje de distancia.
Nes Solorio L.
Bahía Photos
Contar historias es un privilegio.
Gracias por acompañarme de vuelta en este blog.